SANTO Y SEÑA

Diciembre 3, 2007

Siguiendo el rastro de una curiosa penumbra de sol, finalmente alcancé el sitio donde la mañana que cede al calor del mediodia deposita en los labios su estela espesa con sabor a miel. La empecinada marcha que habia comenzado no tenia conciencia de si misma y por tanto yo no recordaba el motivo inicial de mi partida. Lentamente fui convertido en subdito de sus caprichos y de sus noches infinitas.

Pero en ese sitio el sendero encontró abruptamente el motivo de mi primer descanso: un altísimo pórtico de mármol, cerrado, vestido celosamente con madera acuñada y metal. resguardada a ambos lados por dos promontorios infinitos de piedra maciza que nacian del relieve de la tierra y hacia el cielo como acantilados inversos. Cumpliase entonces con teatral exactitud la descripcion que un artista remoto adormeció en lo que sin dudas se habra visto como su mayor logro sobre lienzo y yo transportaba ahora enrollado en mi espalda, sin menor recaudo ni certeza de su posible, oneroso, valor. Alli, en ese borde intempestivo de la gografia, todo tiempo preterito existia hasta el limite que se alli se trazaba como una frontera encarnada al mundo, incapaz todo hombre de atravesarla, de modo que tras el portico solo se encontraba destino.

Inmerso en la fugaz centella de certezas que es propia del caminante, supe en ese momento que contribuiria a la historia con el relato que inicio en estas lineas y que si quería continuar para alcanzar el horizonte, santo y seña serian inevitables.
La incansable vigilia se cumplio en aquel sito, cuando me fue revelada la razon del acertijo.

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