DOS. LOS SIERVOS

Diciembre 3, 2007

- “Entonces Asiane, ¿quién es él?”
 Mientras interrogaba a la sierva, Hérgemo desprendía sombras chinescas, nuevas proyecciones en los muros. Dibujaba un relato confuso que reflejaba la ambición por reproducir con exactitud los secretos de la realidad.
- “Es el máximo obrador de artificios” – replicó Asiane, sin demasiada atención a sus palabras. Era costumbre del longevo repetir la misma pregunta cada noche, cuando el Mago abandonaba la mesa y se dirigía a su alcoba para enfrentar el desconcierto del insomnio. – “Belcanto es el señor de los abismos”.
- “Cuéntame de los abismos, Asiane”. – Los espectros de tinieblas cobraban vida en dos dimensiones y se acumulaban en la viscosidad del ambiente. Inmediatamente recordó el destierro al que fue condenado su rastro. Aquella ocasión donde su propia sombra sucumbió a los poderes del amo, convirtiéndose en una mancha grasosa y amorfa que se escurrió en el piso. Recordó su tristeza y los cuidados de buena madre, de animal piadoso, que Asiane le proporcionó para sobrellevar aquel castigo infernal. Recordó la mañana en que cayeron, sin razón alguna, miles de insectos amarillos sobre la pradera, un manto de avispas  fulminadas que respondía al tacto con la sensación del terciopelo. Recordó que ese mismo día había recobrado su penumbra
- “Los abismos son planos de existencia con voluntad propia que penetran el infinito pero no viven en él. Son criaturas solitarias y codiciadas, pues encierran toda sabiduría. Integrarse con estos planos es una tarea que, debido al hermetismo que poseen, solo pueden realizar los elevados. El hallazgo de un abismo es igual a un vistazo efímero, como quemar insectos rojos con una brasa de chispa ardiente. Al consumirse la brasa y agotarse la chispa, lo que se obtiene es una piedra brillante, ennegrecida. Allí el insecto no puede separado ni distinguido, la vivencia simplemente se reduce a un agraciado tic visual”.
 Asiane descubrió en ese momento que el hedor de los gatos se precipitaba por las escaleras. Su deseo por acudir al dormitorio, con la certeza de la maldición en curso y la debilidad de su amo, fue interrumpido al recordar las palabras de Belcanto para una situación de tal naturaleza: “Jamás intentes rescates heroicos, tu presencia no es
necesaria cuando aparecen los gatos”.
La voz de Hérgemo se torno más poderosa, y la sierva experimentó en la nuca una corriente de sudor helado que la estacó en los ojos del anciano. Ese vasallo de aspecto harapiento ocultaba aún el remordimiento de la sombra encantada.
- “¿Quién es BELCANTO?”
- “Nuestro destino. Él nos ha concebido; por lo tanto le debemos nuestra existencia y la más devota adoración, Belcanto es encarnacion de la sabiduría que desarrolla el universo”.
- “Entonces, Asiane, ¿cuál es nuestro destino?”
- “Hérgemo, aquí prevalece el Otoño por sobre todas las cosas. Este sitio es incertidumbre virgen, y de las destrezas y audacias que podamos ensayar depende la llegada de la primavera: que las mariposas finalmente florezcan y que las flores nos refresquen la embriaguez de calor. Los hombres y la fortuna son pura coincidencia en este sentido, porque somos nosotros los únicos capaces de tal empresa. Al fin, somos esperanza”.
“ Belcanto depende de nuestras acrobacias para identificar nuevos abismos; más allá de eso, no hay justificación para nuestra existencia”.
 El silencio en el piso superior exhaló un suspiro, un vaho funerario e invisible que Asiane perfumo con elixires de leche y azúcar.

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